sábado, 19 de enero de 2019

Hoy quiero escribir desde el fondo de mi alma, desde lo más profundo de mi corazón pues hay una especie de abismo al cual puedo nombrar.

Las más bellas palabras que yo tuve para ella, jamás quise compartirlas. Eran solo mías. El mundo no necesitaba saber cuánto yo amaba a esa mujer, el mundo no quería saberlo.

Esa mujer era fuego, era hielo, era paz y caos. Esa mujer era mi nada y mi todo. Mi salvación y mi perdición. 

Siempre lo supe, desde que clavó su mirada en la mía yo supe que me iba a destruir y lo permití, gustosa la dejé.

Me enamoré como una estúpida. Esa mujer era un reto, era rica, era exquisita al paladar pero siempre hubo algo en ella que no terminaba de inspirar confianza.

Era uno de esos huracanes que se van así como llegan, de golpe. Yo lo supe desde la primera vez que hicimos el amor, no se iba a quedar conmigo.

A pesar del miedo, de la culpa, de todo lo que me decía "detente" y a la vez no me dejaba, la viví, la amé y me entregué a ella como nunca me había entregado a alguien.

El tiempo pasó, se fue hartando de mí. Yo ya no era una novedad, ni un rato, o lo que sea que fui para ella. Al final, hizo lo que suele hacer, me botó. No porque una persona se pueda botar o abandonar, pero ella sabe bien cómo hacerte sentir eso. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario