sábado, 19 de enero de 2019

Agosto 2018

Recordando...

Una y otra vez te he permitido hacer conmigo lo que te viene en gana, como si yo fuera no más que un juguete. Cualquiera merece más respeto ante tus ojos que yo. Con cualquiera tienes más consideraciones que conmigo.

Intentaba justificar tus acciones mediante tus palabras, mediante lo que decías y llamabas “raciocinio”, para autoconvencerme de que eres así, de que no había maldad ni nada, que tan solo era yo tomándome algo a mal cuando tú solo intentabas hacerme fuerte.

Pero no, parece ser que en ti no hay más que crueldad hacia mí. Parece ser que todo ese gran amor que dices tenerme te hace tratarme peor que al resto. Hasta las personas menos amadas para ti están antes que yo. Tienes torcidas tus prioridades. Y está bien, eres así, torcida.

En muchas ocasiones me he puesto a pensar qué será aquello que debió suceder para que actúes de esa manera, qué será aquello que te lleva a ser tan cruel con quien dices amar. No, no es solamente que tú seas así. Es verdad, la vida te hizo así, pero tú eres tan floja, tan dejada, posees tan poca voluntad, tan poca fuerza que solo sigues la corriente de como has vivido; te empeñas en permanecer igual pues es lo que te requiere menos esfuerzo y pues, viviendo así, de alguna manera, siempre obtienes lo que quieres, así que, ¿por qué cambiar?

Yo creo que han sido varias cosas las que han sumado a tu vida para convertirte en la cosa que ahora eres. Lo que creo que es el detonante de todo es el abandono de tu papá. Realmente creo que de ahí viene toda tu mierda. Finalmente, se supone que un padre es el que te cuida, el que te protege del mundo, no solamente la madre; y tú nunca tuviste uno. Tuviste a tu madre que sí, hizo todo lo que estuvo en sus manos por darte una buena vida, pero eso implicaba que estuviera un tanto ausente. Te criaste con tus abuelos. Nadie te pudo ni quiso defender.

Pero ¿qué crees? Tampoco somos defendidos aquellos que contamos con ambos padres. En algún momento de nuestras vidas también somos heridos y forzados a vivir con ello. Pero de alguna manera, buscamos todos la manera de sobrevivir. Y eso eres, pura sobrevivencia llevada al extremo pues nadie busca ya hacerte daño, pero no lo ves. Prefieres vivir peleando contra enemigos que solo viven en tu cabeza, en tu basura mental.

Y así, prefieres rodearte de personas que tienen al igual que tú la misma mierda dentro, de personas crueles y frías que por fuera se ríen de sus maldades, pero por dentro están vacías y un tanto rotas. Por eso les procuras. Por eso es por lo que ves por debajo a personas como yo que, por dentro también cargamos mucha porquería, pero que al menos tenemos la intención de ser mejores, y lo trabajamos. Por eso no nos soportas, por eso a veces no me soportas.

Por eso nunca podré ganar, ganarles. Por que ellos representan ese modo de vida parasitario al que ya tan acostumbrada estás. Por más que haya destellos de humanidad en ti cuando estamos a solas, estos desaparecen en cuanto uno de ellos aparece en escena. Por eso te es fácil humillarme frente a ellos, te suma puntos en la escala de crueldad que llamas “desapego”.

Eres tan frágil, débil, cobarde, eres y me quedó más que claro desde hace mucho, que eres tan poca cosa. Pero sigo teniendo fe en ti, cual fanática religiosa, sigo teniendo fe en ti, aunque los actos por sí mismos muestran que no habrá milagros. En esta misión estoy errada. Sigo teniendo fe y ni siquiera es ya por mí, es por ti, porque te quiero y quisiera que abrieras los ojos y veas la manera en la que te destruyes, que te destruyen aquellos que llamas amigos.

Yo ya sé que no soy prioridad y que ni aunque volviera en algún momento contigo lo sería. Por eso me da coraje que hayas vuelto a buscarme, prometiendo cosas que tanto tú como yo sabemos perfectamente que no harás, que mientras tu actitud no cambie, son imposibles para ti.

Y claro que es doloroso querer tener fe en ti de alguna manera y volver a comprobar que es un error. Que ni con toda la terapia del mundo algo va a cambiar en ti. Ya estás muy podrida.

Por eso a tu ex no la puedes dejar, está igual de podrida, aunque se escuda en una discapacidad de la cual solo saca provecho para que no la abandones. Al final de cuentas ella y tú tienen su propio ciclo enfermizo, ella se hace la necesitada para mantenerte a su lado permitiéndote absolutamente todo, y tú, tú sacas ventaja de los beneficios que una relación así puede tener cuando lo único que tienes que darle son migajas, las cuales tendrá que, a su vez, compartir con otras.

Y yo ya no veo ni cómo salir de esta película de terror en la que he convertido mi vida.

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