martes, 31 de diciembre de 2019
lunes, 30 de diciembre de 2019
Esta noche he decidido rendirme.
Llevo años luchando, mucho o poco, quién sabe, qué más da? Si soy estúpida, si soy inteligente, qué más da?
Estoy cansada, agotada de la vida.
La vida no es bonita, es una mierda, pero como no queda de otra, como somos generalmente cobardes para suicidarnos nos hacemos creer que es bonita y vale la pena, nos lo repetimos una y otra vez.
Quién es responsable, de quién es la culpa? Qué más pinches da?! No cambia nada, que digan quererte, que digan amarte, no cambia nada si no se ve.
Hoy, a casi media noche he decidido abandonarme porque he intentado rescatarme tantas veces y no termino de conseguirlo y ya ni me interesa.
Si eso es infantil, qué más da? Dicen que no siento, o que siento de más, dicen pura mierda. Qué coño van a saber ustedes? Acaso están aquí adentro? Acaso tienen una puta idea de lo que siento? No. Creen saberlo, creen que haberse sentido una mierda nos hace iguales, pero no lo somos.
Todos somos una porquería, padres, hermanos, amigos, parejas, conocidos, compañeros. Ni los putos niños valen la pena, son pequeñas mierdecillas también.
No estoy triste, solo estoy hasta la madre de cansada y ya no quiero despertar.
Si esta noche muero, mañana no voy a saber ni mierdas, pero si pudiera sentir algo creo que sonreiría porque al fin se habría acabado.
Odio la forma en que mi mente me hace jugadas. Tenía demasiado sin pensar en ti, demasiado tiempo pero te soñé y te he llevado todo el día, no me has dejado de joder todo el día. Lo realmente triste es que no te veo, ya no te veo ni te siento. No me acuerdo de tu rostro, me esfuerzo por traerlo de entre mis recuerdos pero simplemente ya no estás.
Es ahora cuando lamento no haberme tomado más fotos contigo cuando lo pedías y de haber botado las pocas que me quedaban. Por momentos no te sientas ni real, Fernanda no existió. Contigo nunca me han salido palabras profundas ni rebuscadas, contigo ha sido todo siempre tan común, quizá porque eres la única que ha conocido esa parte tan ordinaria en mí.
Cuándo me vas a llevar contigo? Extraño verme sonriendo, corriendo, jugando, cantando. Te llevaste la inocencia que me quedaba y yo con gusto te la regalé.
No sé, contigo no sé nunca nada, me desarmas, me asfixias tal y como lo hacías en vida.
Espero que no te vuelvas a meter en sueños y que me dejes irme por donde quiera, nunca necesité tus opiniones sobre mi actuar.
Por tu culpa, más bien por la mía, no he podido nunca ser normal, te lo llevaste todo y me dejaste en ceros para reconstruirme con basura.
Llévame ya si me extrañas, yo manejando y haciendo tonterías mientras veo ese cabello bonito y angelical agitarse con el aire.
Eres y por siempre serás mi más grande tormento. Mi Fernanda, de la que a nadie hablo...
Antiguo...
Invasora
Soy una invasora
Como una plaga que todo enferma, que todo pudre, que todo apesta.
Es volver a escuchar ese discurso que me niego a oír, "nada, eres nada", "nadie, eres nadie para mí".
Y uno sonríe con la risa idiota de quién está cegado por amor. Uno encuentra gozo incluso en el desprecio, porque es SU desprecio, el de ella.
Mi risa idiota.
Esa risa de quién no entiende pero se esfuerza por hacerlo.
Y tú te ríes, desde el alma, desde el desprecio, desde la burla más sincera. Esa, la misma con la que te has reído a mis anchas antes.
Ilusiones? Esas ya terminaron por romperse.
El abuso es lo común en mis relaciones. Algunos abusan de mis sentimientos, de mis bienes económicos, de mi cuerpo, de mi trato.
Y yo, yo sigo dando una y otra y otra vez por momentos de sonrisas. Por momentos en los cuales me tratan bien.
Yo no soy digna, como en todo, yo no soy digna de nada. No lo valgo.
Yo nací para servir, para que se sirvan de mí mientras agradezco esto.
Y como una tonta sigo queriendo creer. Como una tonta sigo permitiendo a mi corazón amar así como lo hago. Como una tonta sonrío mil veces más y digo que no pasa nada.
Yo no provoco en ti más que la burla, más que el chiste idiota de la patética que se desborda otra vez.
Me desbordo, por ti me desbordo.
Y mientras doy y doy, sin que nadie lo pida, sin que nadie al menos lo note, vomitas tus mentiras en mi cara.
Me equivoqué, otra vez. Elegí mal de nuevo. Fui castigada por eso y tú, en vez de apoyarme, de tomar mi mano cuando te necesité, no has dejado de verme como la puta que abrió las piernas.
Otra vez, no estuviste. Y es que no sé de dónde saqué que tú ibas a estar, que tú sabes estar, que ibas a querer estar.
La mujer fue destruida, la niña, dos veces. Dos veces en las que tenías que estar y no estuviste.
Pensaba que llegado el momento podría contarte cómo pasó la primera vez. Cómo es que mi hija, esa que estúpidamente siento tuya también, no llegó a nacer. Y te hablaría de cómo tú tenías que estar ahí.
Yo también soy mujer, siento como una una y a veces también quiero ser protegida.
También merezco ser cuidada.
Me he forzado. Incluso me he forzado a mantener relaciones para no hacerte sentir mal.
Las cosas que hago, que he hecho, se siguen acumulando en un costal invisible y roto. Absolutamente nada cuenta.
Soy ingenua y al serlo busco mi propia destrucción.
A tus ojos, yo busqué mi propia violación.
A tus ojos, no soy digna, no estoy limpia.
Es tan duro pensar en el asco que vas a provocarle a la persona que amas y a la vez mantener una pequeña esperanza de que ella es diferente, mientras estás siendo penetrada de maneras en que ni el peor de los animales debería.
Pero hay una pequeña esperanza, porque eres así, ilusa, de que ella te va a apoyar, de que podrás llorar con ella.
Y ni te apoya, ni te puede escuchar, ni quiere, solo eres juzgada. Juzgada por ser la estúpida que quiere creer.
Yo me lo busqué, yo pedí ser violada.
Una simulación, es todo una simulación. Todo esto es una simulación.
Volví a elegirte y me enfrenté a un cruel castigo por ello.
Pero no soy digna, no me merezco la confianza, no me merezco nada porque soy nada y he demostrado nada.
Mi corazón se rompió en ese mensaje en que terminabas conmigo por lo que pasó.
Y a nadie le importa, ni siquiera a ti. Mucho menos a ti.
Yo te acompaño, te escucho, te apoyo y tú solo desdeñas mi sentir.
Para ti todo, todo lo que soy, lo que siento, mi vida, no son más que drama.
Mi dolor no es más que drama.
Con nadie he sentido tanta soledad, tristeza, dolor, culpa, tanto abandono como contigo.
Y a veces por las mañanas mientras voy al trabajo ruego a Dios que me permita quedarme dormida, que no me deje despertar, que no me deje reaccionar, para poder salir de este infierno.
Para que al menos alguna vez pienses en mí y hagas lo que todos hacen, engrandecerme en la muerte.
Entregar el cuerpo como quien ofrece caramelos a niños. Al final de cuentas, cuando no hay más, cuando dentro ya se no se tiene más, al menos aquí, al menos así, puedo sentir el contacto con algo no frío.
Sé que aquí no encontraré nada, es que ya no hay nada, pero al menos unos minutos mi mente se apagará y esperaré a que termine, porque es lo que hay que hacer.
Supongo que debo agradecer a quienes me enseñaron a usar así mi cuerpo de pequeña, porque por lo menos tengo esto.
sábado, 28 de diciembre de 2019
Siento la paz de actuar en total libertad. La paz de no tener que estarme siempre cuidando de lo que digo, de mis ausencias naturales, de mi propia distracción.
Ya no me siento asfixiada y en completo control en nombre del amor. Ya no temo darle una reacción o hacer un comentario a alguien a quien le va bien en la vida.
Ya no me da miedo gastar en mí, hacer las cosas que realmente quiero hacer, ir y venir a mi antojo siempre teniendo cuidado del entorno. Ya no me siento mal por tener el trabajo que tengo, ya no me siento culpable por ello.
Ya no me tengo que quedar en un sitio a aguantar mientras me tiran mierda hasta esperar a que se le baje, siempre conteniéndome. No más dar explicaciones absurdas.
No más irme volviendo tóxica por una mujer tóxica. No más niñas de mami que no son capaces de desprenderse. No más pedir permisos, no más ocultarme.
Carajo si yo no estoy para que me oculten, soy una mujer de 30 años que sí, sigue aprendiendo, creciendo y necesita mejorar algunas cosas; pero tengo cierta estabilidad que me permite hacer un montón de cosas y si alguien ha de acompañarme en el camino deberá ser una mujer independiente.
Además, sí estoy guapita.
No más mocosas.
viernes, 27 de diciembre de 2019
No es tan difícil empezar a olvidar a alguien cuando te enteras de que no era tan santa como decía. Que efectivamente salía con weyes y hasta fotos te envían.
Pero no tengo por qué decir nada, por más mal que haya actuado, yo sí respeto el chiste de relación que tuvimos.
No ir tirando mierda y armando chismes habla más de mí que de esa mujer.
No, no mentiré. Por supuesto que todavía la amo, el amor no desaparece así de un día para otro.
Aquí la cuestión es, cuál es el punto de sufrir por una persona para la cual no valiste nada? Prefiero divertirme con una persona que siempre me hace sentir delicioso en todo sentido y que, además, mantiene a mi mente siempre inquieta.
jueves, 26 de diciembre de 2019
lunes, 23 de diciembre de 2019
Espero que jamás encuentres paz, que cuando esté muerta algo pase para que tu cochina existencia nunca pueda descansar.
Te odio Daniel, te odio tanto.
Trabajé tantos años tan duro, nunca me rendí y seguí y seguí hasta todo esto.
Y es que no lo entiendo. Por qué no puedo?
Por favor Dios, yo creía en ti, yo había vuelto a creer en todo y sonreía desde el alma, mi alma es noble pero ya no puede más.
De verdad no me merezco más que esto? De verdad nadie me puede entender?
Y no es que no quiera, es que las 5 veces que intenté trabajarlo terminé sin poder hablar por días.
No lo entiendo, cómo se puede quebrar así a alguien.
El tema que estoy por tocar no es nada sencillo, pero siento que es necesario que lo exprese para poder irlo soltando.
Dicen que cuando te pasa algo muy fuerte y lo pones en palabras, le quitas un poco de ese peso.
Así que creo que es tiempo de intentarlo.
A él le conocí por cuestiones laborales. Un hombre mayor, apuesto, inteligente, radiante, interesante, en fin, la clase de hombre que atraería a varias mujeres.
Debo señalar que a pesar de haberme considerado hasta ese momento bisexual, tenía muchísimos años que no me interesaba por un hombre.
Cuando le conocí, veía en él simplemente una figura de autoridad, un colega y un ejemplo a seguir.
Él brillaba y yo no podía dejar de verlo.
Sin embargo, mi vida sentimental estaba hecha un caos, así que en él pude encontrar a una especie de amigo, a un escucha que parecía interesarse por lo que yo tenía que decir.
El tiempo fue pasando, relaciones terminaron y él se iba afianzando en mi vida.
Yo enfrentaba una situación sola y él me acompañaba sin saberlo. Hasta que un día ya no lo pude ocultar más y se enteró pues las cosas no resultaron bien.
Él no me juzgó, estuvo conmigo, tomó mi mano cuando era alguien más quién debía estar ahí.
Él me sonreía tranquilo, acariciaba mis manos, me decía que iba a estar bien, que no me viniera abajo.
Él estuvo conmigo durante todo el procedimiento y mientras yo lloraba sin control, él solo besaba mis manos.
Después de haber terminado el procedimiento, me llevó a casa, fue la primera vez que le dejé entrar. Fue amable conmigo, me cuidó, me escuchó, me abrazó cuando todos los demás me dieron la espalda.
Él fue el único que no me tiraba mierda, el único que estaba conmigo.
Llegaba a verme casi todos los días, a darme ánimos y así poco a poco se fue dando algo entre los dos.
Él me hacía reír, me hacía sentir segura, me hacía sentir escuchada y valorada; me estaba dando todo lo que yo siempre había deseado.
Me pidió que fuera su novia, de una manera tan especial que parecía una comedia romántica barata.
Era un cursi y yo adoraba eso.
Jamás me había sentido así, tan respetada por un hombre. Jamás había sentido algo como lo que sentí con él con algún otro hombre.
Todo era tan perfecto que no podía ser real. La realidad es que lo que sentía por él era muy grande pero no era amor, no era ese amor con el cual yo quisiera compartir mi vida.
Apareció una persona de mi pasado y finalmente decidí, por el bien de ambos, mejor solo dejarlo ir y que buscara su felicidad con alguien más.
Obviamente esto él no lo entendió. Estaba furioso, decepcionado, triste; con podía dejarlo por alguien que me había hecho tanto daño?
Ese era su argumento. Después de tanto, entendió que ya no quería estar con él y parecía estar bien con eso, solo parecía.
A mí nunca dejó de importarme, yo quería conservarlo como mi amigo pues finalmente fue especial en mi vida.
Así que un día que estábamos en la misma ciudad lo invité a casa a ver algo en la tv. Llegó ya tomado, estaba un tanto molesto.
Volvió a cuestionarme acerca de mi nueva relación y yo simplemente le decía que ya dejara el temita.
Su enojo fue en aumento, junto con su nivel de alcohol. Finalmente se puso a reclamarme el que lo hubiera dejado por una mujer, a decirme que me amaba y que yo era su mujer.
Anteriormente, cuando lo notaba molesto, solía tranquilizarse inmediatamente con un beso en la mejilla, de simple afecto.
En mi estúpida mente pensé que esto funcionaría, que se calmaría y simplemente se iría pero no.
Él ya no quiso soltarme y yo lo único que hice fue mover mi rostro para que me dejara en paz.
Me agarro muy fuerte, demasiado, intenté darle un empujón y le dije que ya me dejara en paz, que se fuera.
Me soltó, yo me dirigía a mi cuarto mientras le gritaba que se fuera y que echara seguro al salir.
Quería estar sola en lo que se iba para que se diera cuenta de lo molesta que estaba por lo que hizo.
Pero él estaba fuera de sí. Me siguió al cuarto, cuya chapa está descompuesta así que no le fue difícil entrar.
Esta secuencia fue bastante rápida y hasta la fecha sigo sin saber bien cómo pasó.
Sé que de alguna manera forcejeamos, yo intentando sacarlo y él intentando entrar. Me gritaba cosas horribles, que yo era una perra, una puta, que le daba asco por estar con una mujer, que lo necesitaba a él.
Entonces sentí miedo y yo con él nunca había sentido miedo, me sentía segura.
Di los golpes que pude, que no le hicieron ni cosquillas. El forcejeo se terminó cuando me aventó a la cama, de espaldas.
Entonces supe lo que venía y dije que esta vez lucharía, que no me iba a dejar.
Peleaba con palabras, sé que ahí reside mi fuerza, pero ni se inmutó.
Yo me seguía moviendo como gusano intentando zafarme de su agarre pero fue inútil.
Metió una de sus manos en mi blusa, fue entonces cuando sentí asco. No paraba de sobarme y de respirar como cerdo.
Se restregaba una y otra vez contra mí.
Por la posición en la que me tenía yo no podía hacer más que intentar levantarme de la cama.
Pero no tuve fuerza.
Entonces fue cuando me bajó el pants que llevaba puesto, junto con mi ropa interior.
Me dijo que muchas veces me la había metido y que me había encantado. Dijo que me iba a hacer mujer otra vez, que me iba a arrepentir de mi decisión y que nunca nos íbamos a olvidar de él mi pareja y yo.
Tenía mi cabeza hundida en la cama, apenas y podía respirar y con una sola de sus manos me sostenía a mí ambas.
Yo no estaba excitada, tenía mucho miedo y estaba rogando porque no lo hiciera pues sabía cuánto me iba a doler, no era la primera vez finalmente.
Pero él no escuchó, era un animal furioso. Fue entonces cuando solo sentí su asqueroso pene intentando meterse en mí.
Apreté tanto como pude para no dejarlo entrar, lo cual creo que lo hizo peor. Seguía intentando moverme de alguna manera, de la forma en que pudiera hasta que logró entrar y sentí cómo me atravesaban mil cuchillas.
Acababa de perder y otra vez no me había podido defender.
Nadie me había podido defender.
Fue muy doloroso, físicamente, el que haya entrado a la fuerza. Sentí que me clavaban un puñal en el vientre.
Esta vez no era nada cuidadoso, buscaba causarme el mayor daño posible.
No paraba de decirme que él iba a hacer que me gustara la verga otra vez.
Le pedía que por favor parara. "Daniel por favor, no me hagas esto", pero nada lo hacía entrar en razón...
Daniel por favor...
Y mi Daniel, el dulce Daniel que yo había conocido y del cual por más que quise nunca me pude enamorar, no existía.
El príncipe, ese que parecía casi perfecto, era un repugnante monstruo.
Me rompió todo, no solo físicamente.
Yo confiaba en él, nunca había dejado de hacerlo, yo me seguía preocupando por él.
Siguió embistiéndome como quiso y cuando me di cuenta de que nada podía hacer le pedí que no se viniera dentro.
No recuerdo siquiera qué dijo, no sé ni por qué le dije.
Pero evidentemente no me hizo caso...
Yo solo lloraba mientras le pedía que parara, tanto como me era posible hablar.
Cuando al fin terminó y pensé que la pesadilla había concluido, intenté levantarme para irme.
Pero para él no era el final.
Me jaló y yo lo único que pude hacer es patearle la entrepierna. Supongo que hasta para eso soy una pinche inútil pues, aunque le dolió, no se detuvo.
Fue entonces cuando la verdadera humillación comenzó.
Ví en su rostro algo que parecía inhumano, no reconocí nada de él ahí.
Sentí todavía más miedo y por la forma en que me agarró ya no pude hacer nada.
Con el cinturón de su pantalón amarró mis manos por detrás de mi espalda.
Es muy vergonzoso admitir que me hice pipí del miedo, como cuando era una niña.
No estaba segura de qué pretendía hacer hasta que lo hizo.
Me empezó a penetrar forzadamente por atrás. Si la situación voluntaria es de por sí dolorosa, esta no tenía nombre...
Fue humillante, la cantidad de referencias sexuales que hacía en relación a mi parte trasera.
Fue asqueroso, fue repugnante.
Él no paró, hasta que no sé qué pasó en mi cuerpo que no pude controlar mis esfínteres...
Solo se reía y yo no podía controlar mi cuerpo.
Lloraba ya no solo de dolor, de humillación, de vergüenza, más sucia ya no podía sentirme.
Él ni se inmutó y siguió violándome.
Sí, eso fue, digan lo que digan, me crea quién me crea, fue una violación.
No podía hacer nada, más que intentar mover las piernas lo cual no servía de mucho.
Pero no se iba a detener ahí, tomó un objeto para penetrarme vaginalmente.
Estaba sucia, muy sucia, y él no dejaba de venirse dentro.
No sé cuántas veces fueron.
Al final ya no tenía fuerza, mi alma se rompió ahí.
Todo en lo que creía se me rompió ahí.
Mi felicidad se fue.
Y me fui, creo que solo me fui. Cuando finalmente terminó, llevó a cabo su última humillación.
Eyaculó en mi rostro y orinó mi cuerpo, rematando con escupirme mientras me decía que me lo merecía por puta.
Que a ver si mi novia me iba a seguir queriendo después de semejante cogida.
Todo fue tan rápido y a la vez tan lento y extraño que nadie me creyó.
Lo único que podía pensar de mi novia es que ella debió estar conmigo y que, definitivamente, ya no me iba a querer.
No fue difícil entender que él había ganado, me había quitado mi felicidad, me había quitado mi amor, el propio y el de mi pareja.
Entonces salió de la casa y los vecinos tocaban la puerta.
Tocaban el timbre desde que escucharon los golpes en las puertas, pero tampoco hicieron mucho porque pues CDMX.
Mi vecina, la señora de enfrente, me preguntaba si estaba bien y solo atiné a decir "sí, gracias".
Yo solo quería bañarme.
Quitarme tanta porquería de encima.
Por más que limpié mi cuerpo, estaba sucia, muy sucia.
Intenté, muy estúpidamente, sacar de mi cuerpo todo el semen que permanecía dentro.
Actuaba mecánicamente mientras sólo pensaba que mi vida estaba destruida.
Que ese tipo, mi ex novio, mi amigo, acababa de no solo violarme, sino de humillarme, de tratarme como a la peor prostituta.
Lo único que me daba consuelo era pensar en ella, en que mi novia iba a apoyarme, que ella iba a ayudarme, que íbamos a salir adelante juntas.
Y todo terminó por venirse abajo cuando me mandó a la mierda por dicha situación.
Hasta la fecha ella no deja de culparme, de decir de alguna manera, que yo me lo busqué, que yo lo provoqué.
Para mi propia novia, yo no soy más que una puta.
Para esa mujer no soy más que una prostituta y tengo que callar cada que la escucho hablar de algo que no conoce realmente.
Pero la amo y la tengo que entender, me toca aguantar e intentar sonreír y darle seguridades que no existen en mí.
Ella me necesita y tal vez algún día podré derrumbarme yo, sabiendo que alguien me sostiene.
Aguanta Diana, aguanta un poco, mucho más, al final el mundo te va a ver y todo estará bien.
Este no es tu momento de venirte abajo, es suyo, mantente a su lado. Es la misma historia que siempre me digo, porque creo que alguien sí se va a quedar en mi derrumbe. Cuando sea el tuyo sabes que ella va a estar, te ama, con la intensidad del sol que ella es, como solo a la luna puede amar.
Aguanta más. Esta vez no te van a soltar. Esta vez sí van a abrazar tu alma...
No necesito remarcar que a 2 años de esto nadie lo ha hecho y por más que lo he trabajado en terapia desde diversos enfoques, no consigo superarlo.
Intento continuar, tengo que hacerlo porque es lo que se espera. Tengo que hacerlo porque es lo que siempre hago.
Y ya no sé cómo decirlo, esperaba poder decírtelo cuando te viera en persona, lo que ocurrió, por qué siempre estaba enojada.
De cómo volvió a aparecer pretendiendo ser mi amigo, de cómo lo alejé pero no podía controlar la rabia que tengo dentro porque me rompió el alma. Esperaba poder decírselo a sus ojitos y acurrucsrme en su pecho, tomar fuerzas de ahí y hacer lo que tenía que hacer, lo que no pude hacer antes, decirlo.
Pero la vida es un chiste y yo soy la puta broma constante.
Por qué no lo puedo parar?
Tal vez sea ya momento de contarlo así como fue, como salió, con toda la vergüenza que sigue viviendo en mi interior.
Porque ya no aguanto más, porque no logro entender cómo me volvió a arruinar la vida y yo que no logro controlar mi rabia, mi dolor, lo volví a permitir.
Sí tan solo me quitaras ya la vida, si tan solo me la hubieras quitado en ese momento al menos habría encontrado paz...
Una molestia, una carga, lo que se deja a un lado, eso soy.
Solo te mostré mi alma triste, te la mostré como a nadie porque creí que me acompañarías hasta el final.
Y ya todo qué caso tiene?
Como si de verdad a alguien le importara lo que yo siento, como si de verdad alguna vez a alguien hubiera importado...
jueves, 19 de diciembre de 2019
Otra vez me veo aquí, así, con un pie en el tren que me transporta a otros mundos, a otras dimensiones.
No me arrepiento a pesar de todo porque al fin he reunido el valor de emprender este viaje sin retorno, este viaje que llevo tantos años queriendo hacer.
En este viaje no hay maletas, Chewie no será más mi acompañante, no hay boleto redondo.
No hay retorno.
Me despido de todos, no pude hacerlo de mis alumnos. La gente no lo sabe, pero me estoy despidiendo de ellos con una sonrisa y un apretón de manos. Es solo que no soporto que me toquen.
Y anhelo que en esos aires, que en esos suelos, que en esos aires y esas mil lunas; exista una dimensión en donde al menos alguien entienda y pueda ver.
En esas otras dimensiones lo consigo, le entrego el anillo que compré para ella, acepta ser mi esposa y construyo una casita en la montaña. En otras dimensiones le puedo explicar con palabras de mejor manera.
En otras dimensiones camino sonriente de la mano de un pequeño o una pequeña que tiene su mirada y Chewie va al lado.
Mi Chewie, eres al que no quisiera despedir jamás, pero a donde voy ya no puedes acompañarme. Nunca te quise dejar, pero esta vez lo tengo que hacer porque este es tu lugar, este mundo en donde sacas sonrisas de los más duros corazones.
Me despido ya, observo a mi madre y, aunque no lo pueda explicar, le digo que la amo, le agradezco porque tal vez gracias a ella mi paso por este mundo no sea tan olvidado. En mi mente estrecho la mano de mi padre y le agradezco por enseñarme a trabajar.
En cuanto suba, en cuanto tome ese tren me pondré una rica frasada encima y ya no tendré frío, ya no sentiré más.
Nunca fui débil, nunca dejé de intentar, de hacer cosas pero hoy más que nunca reafirmo mi teoría de que habemos quienes nacemos para esto.
A dónde voy no necesito trabajo, no necesito dinero. El cochino dinero de mierda que todo lo arruina se tenga o no.
A dónde voy habrá una película que tal vez cuente fragmentos de mi historia, fragmentos que nadie entenderá y que se perderan, como se pierde todo con el tiempo.
Gracias monstruo gris de la pared por venir a cobijarme de nuevo. Al final de cuentas, eres mi único amigo.
Sin más que agregar, escribo aquí en donde sé que nadie ha de leerme jamás.
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