Odio la forma en que mi mente me hace jugadas. Tenía demasiado sin pensar en ti, demasiado tiempo pero te soñé y te he llevado todo el día, no me has dejado de joder todo el día. Lo realmente triste es que no te veo, ya no te veo ni te siento. No me acuerdo de tu rostro, me esfuerzo por traerlo de entre mis recuerdos pero simplemente ya no estás.
Es ahora cuando lamento no haberme tomado más fotos contigo cuando lo pedías y de haber botado las pocas que me quedaban. Por momentos no te sientas ni real, Fernanda no existió. Contigo nunca me han salido palabras profundas ni rebuscadas, contigo ha sido todo siempre tan común, quizá porque eres la única que ha conocido esa parte tan ordinaria en mí.
Cuándo me vas a llevar contigo? Extraño verme sonriendo, corriendo, jugando, cantando. Te llevaste la inocencia que me quedaba y yo con gusto te la regalé.
No sé, contigo no sé nunca nada, me desarmas, me asfixias tal y como lo hacías en vida.
Espero que no te vuelvas a meter en sueños y que me dejes irme por donde quiera, nunca necesité tus opiniones sobre mi actuar.
Por tu culpa, más bien por la mía, no he podido nunca ser normal, te lo llevaste todo y me dejaste en ceros para reconstruirme con basura.
Llévame ya si me extrañas, yo manejando y haciendo tonterías mientras veo ese cabello bonito y angelical agitarse con el aire.
Eres y por siempre serás mi más grande tormento. Mi Fernanda, de la que a nadie hablo...
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