Invasora
Soy una invasora
Como una plaga que todo enferma, que todo pudre, que todo apesta.
Es volver a escuchar ese discurso que me niego a oír, "nada, eres nada", "nadie, eres nadie para mí".
Y uno sonríe con la risa idiota de quién está cegado por amor. Uno encuentra gozo incluso en el desprecio, porque es SU desprecio, el de ella.
Mi risa idiota.
Esa risa de quién no entiende pero se esfuerza por hacerlo.
Y tú te ríes, desde el alma, desde el desprecio, desde la burla más sincera. Esa, la misma con la que te has reído a mis anchas antes.
Ilusiones? Esas ya terminaron por romperse.
El abuso es lo común en mis relaciones. Algunos abusan de mis sentimientos, de mis bienes económicos, de mi cuerpo, de mi trato.
Y yo, yo sigo dando una y otra y otra vez por momentos de sonrisas. Por momentos en los cuales me tratan bien.
Yo no soy digna, como en todo, yo no soy digna de nada. No lo valgo.
Yo nací para servir, para que se sirvan de mí mientras agradezco esto.
Y como una tonta sigo queriendo creer. Como una tonta sigo permitiendo a mi corazón amar así como lo hago. Como una tonta sonrío mil veces más y digo que no pasa nada.
Yo no provoco en ti más que la burla, más que el chiste idiota de la patética que se desborda otra vez.
Me desbordo, por ti me desbordo.
Y mientras doy y doy, sin que nadie lo pida, sin que nadie al menos lo note, vomitas tus mentiras en mi cara.
Me equivoqué, otra vez. Elegí mal de nuevo. Fui castigada por eso y tú, en vez de apoyarme, de tomar mi mano cuando te necesité, no has dejado de verme como la puta que abrió las piernas.
Otra vez, no estuviste. Y es que no sé de dónde saqué que tú ibas a estar, que tú sabes estar, que ibas a querer estar.
La mujer fue destruida, la niña, dos veces. Dos veces en las que tenías que estar y no estuviste.
Pensaba que llegado el momento podría contarte cómo pasó la primera vez. Cómo es que mi hija, esa que estúpidamente siento tuya también, no llegó a nacer. Y te hablaría de cómo tú tenías que estar ahí.
Yo también soy mujer, siento como una una y a veces también quiero ser protegida.
También merezco ser cuidada.
Me he forzado. Incluso me he forzado a mantener relaciones para no hacerte sentir mal.
Las cosas que hago, que he hecho, se siguen acumulando en un costal invisible y roto. Absolutamente nada cuenta.
Soy ingenua y al serlo busco mi propia destrucción.
A tus ojos, yo busqué mi propia violación.
A tus ojos, no soy digna, no estoy limpia.
Es tan duro pensar en el asco que vas a provocarle a la persona que amas y a la vez mantener una pequeña esperanza de que ella es diferente, mientras estás siendo penetrada de maneras en que ni el peor de los animales debería.
Pero hay una pequeña esperanza, porque eres así, ilusa, de que ella te va a apoyar, de que podrás llorar con ella.
Y ni te apoya, ni te puede escuchar, ni quiere, solo eres juzgada. Juzgada por ser la estúpida que quiere creer.
Yo me lo busqué, yo pedí ser violada.
Una simulación, es todo una simulación. Todo esto es una simulación.
Volví a elegirte y me enfrenté a un cruel castigo por ello.
Pero no soy digna, no me merezco la confianza, no me merezco nada porque soy nada y he demostrado nada.
Mi corazón se rompió en ese mensaje en que terminabas conmigo por lo que pasó.
Y a nadie le importa, ni siquiera a ti. Mucho menos a ti.
Yo te acompaño, te escucho, te apoyo y tú solo desdeñas mi sentir.
Para ti todo, todo lo que soy, lo que siento, mi vida, no son más que drama.
Mi dolor no es más que drama.
Con nadie he sentido tanta soledad, tristeza, dolor, culpa, tanto abandono como contigo.
Y a veces por las mañanas mientras voy al trabajo ruego a Dios que me permita quedarme dormida, que no me deje despertar, que no me deje reaccionar, para poder salir de este infierno.
Para que al menos alguna vez pienses en mí y hagas lo que todos hacen, engrandecerme en la muerte.
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