Ha pasado ya tiempo desde que todo terminó, lo sé, pero sigues aquí, muy dentro de mí. Siguen aquí, en mi mente, todas esas palabras que quise decirte esa vez, la última vez, las recuerdo bien. No sé si con haber hablado habría evitado todo este dolor, no lo sé, pero supongo que habría ayudado. Lo siento, siento no haber sido valiente para pedirte que no te marcharas, que te quedaras aquí, a mi lado, sin pedirnos nada, sólo que te quedaras.
Ahora estás a kilometros de aquí, ¿qué harás? Me la paso pensando cada noche qué harás, ya no te amo, estoy segura de eso, pero te extraño, aún te quiero y me altero demasiado al pensar que estarás con alguien más, que ya me habrás sustituido con cualquier otra persona, no sería extraño, cualquiera desearía estar contigo.
La verdad es que ya estoy harta de que me hagas falta y de sentir todo el peso de la culpa. Eso me hiciste sentir con tus palabras, palabras que nunca esperé de ti, fue muy confuso y contradictorio, tú decías cosas horribles pero llorabas, como si esas palabras te lastimaran desde el fondo de tu alma, tú te derrumbabas frente a mí, pero seguías construyendo tu pared, para que yo no me diera cuenta.
Tuve ganas de taparme los oídos, caminar hacia ti y abrazarte, tuve ganas, no valor. Estabas a escasos metros de mí, más o menos dos, supongo que el dolor afecta la realidad, te veías tan lejos. Quisiste alejarme de ti, romper todo lazo entre tú y yo, lo conseguiste, terminaste hasta con nuestra amistad, pero te dolió, yo sé que te dolió. Te dolió tanto como a mí, te conozco bien, no te había funcionado mucho eso de fingir todo ese tiempo.
Tus ojos reflejaban todo tu miedo. No sé cuánto tiempo duró, pero se me hizo eterno. No sé qué tanto pasó después, no lo recuerdo, actué de manera estúpida como siempre. Solo recuerdo que fui a nuestro lugar, lo has de recordar muy bien, a ese lugar me llevaste y a ese lugar regresé, y habiéndolo perdido todo, me puse a escribir.
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