viernes, 10 de marzo de 2017

El día que decidiste huir

Hay quienes ven la vida como un regalo, son felices, si bien no siempre, pero regularmente sí, tienen motivos para sonreír, siempre los encuentran; esto no sucedió con ellas, no, no fue así, nunca se sabe por qué, sólo se sabe que no fue así, no fue justo.

Todo parecería ser tan simple, se complementaban, no necesitaban nada más, solo se necesitaban ellas, una a la otra, la gente no intervenía, no las inquietaba; para ellas no existía nadie más, excepto la otra y todo hubiera sido perfecto, todo, de no ser por el cruel destino, ellas habrían sido felices.

Siempre se sintieron tan seguras, nada las separaría, se equivocaron, todo las separaba.
Ellas siempre se vieron como una sola  alma, que algún dios, por error o por venganza, había dividido en dos y cada parte la puso en un cuerpo distinto. Ellas tenían que encontrarse, eso era todo, no era difícil, ellas lo notarían rápido, se complementan, aunque era injusto, nacieron unidas y ahora estaban separadas.

Hasta aquí todo iba "bien" y digo "bien" por varias razones bastante obvias, siempre tuvieron que enfrentar los miedos, era difícil, pero sabían que juntas podrían lograrlo todo, juntas podían cambiar el mundo si quisieran. Pero no solo fueron miedos, no, la gente se empeñaba en volverlas a separar, ellas no estaban dispuestas a permitirlo, juraron que no lo permitirían, no conciben la vida la una sin la otra, esa era su vida, ellas juntas, esa es la verdadera vida.

No, esto no fueron un par de meses, ahora lo entiendo, fueron años, fue desde siempre, desde el día en que sus miradas se cruzaron, desde las primeras palabras, así tenía que ser, tenían que encontrarse. La gente estúpida seguía interviniendo, no lo entienden, no lo ven, ellos siguen en la primera etapa, ellas ya lo superaron, ahora lo entienden, sus miedos han quedado atrás, ahora pueden disfrutar del tiempo, del viento, de la vida.

Ahora pueden decir que son felices y nadie las separará, no necesitan nada, solo ellas, no quieren nada, solo se quieren ellas, jamás van a permitir volver a separarse.

Una tiene que irse, no entienden por qué, no van a separarse, lo juran, la otra no va a dejarla ir, aún si tienen que morir en el intento, lo harán juntas, no las separarán.

Parece un plan perfecto, jamás las encontrarán, no las separarán; comienzan a preparar el viaje, más bien la huida, no, no era un viaje. Aún falta, ya está todo listo, ahora solo tienen que esperar, deciden aprovechar el tiempo que falta para la huida. Salidas, cine, fiestas, cualquier cosa es buen pretexto para verse; realmente lo disfrutan y así transcurren los días, las fiestas, navidad, año nuevo, pero llega el más importante, hace dos meses que todo se intensificó, hace dos meses que una confesó su amor hasta antes secreto. Sí, eso llega, ese día, un par de meses después aún recuerdan ese día como el mejor de sus vidas, recuerdan como fotografía su itinerario; por la  mañana van al cine, les encanta, una se siente muy extraña al ver a la otra, se ve extremadamente linda, ser feliz la hace ver mejor, sus ojos entre azules y grises tienen un extraño brillo, un brillo melancólico. La otra no lo nota, está demasiado enfocada en observar la belleza de su amor, esa boca, esos labios que tanto le gustaban, sus manos, su cabello, todo en ella es hermoso.

Finalmente salen de la sala, buena película pero la compañía es  lo mejor, se disponen a dar vueltas por aquella única plaza. A la niña de mirada melancólica eso le encanta, demasiado vanidosa, la otra no, son un extraño par. A primera vista son totalmente diferentes, pero solo ellas saben lo que hay dentro de sus mentes y corazones, ahí, son idénticas, las mismas inquietudes y reacciones, el sentimiento que las une es igual de profundo para ambas.

Después del cansado recorrido por las tiendas deciden ir a comer, la verdad es que no tenían hambre, pero no sabían qué más hacer y no querían irse cada una a su casa. Una niña decide ir a aquel restaurante al que tanto le gusta ir, ahí no hay mucha gente, ahí son ellas mismas. La comida no era muy buena pero les traía buenos recuerdos, ahí fue donde le dijo que la amaba, ahí pudo observarla reaccionar nerviosamente, eso le provocaba un poco de  risa. Sí, es cierto, su novia era un poco torpe, siempre lo había sido, tartamudea al hablar generalmente, no suele sostener la mirada, cosa que molesta a la gente, siempre se está tropezando, le cuesta mucho hablar, en fin, es bastante tonta y distraída.

Lo que más amaba la niña de melancólica mirada de su novia, eran sus nervios y la manera en que se quedaba callada, es verdad, no necesitaban hablar, no de manera oral, con solo verse a los ojos se comunicaban, podían perderse en ese silencio y entenderlo todo, sus mentes estaban sincronizadas, al perderse en sus ojos eran felices.

Así se sentían en ese restaurante de la comida que tanto detestaba, solo seguía llegando ahí por su niña torpe, sabía que si no accedía haría un gran berrinche, como siempre lo hacía.

Después d e comer decidieron irse cada quien a su casa un rato, se verían más tarde.

Más tarde se reunieron, fueron a tomar un café y platicar con sus amigas, después fueron a cenar. Les gustaba mucho observar la luna, mucho más juntas.

Ese día no podía faltar una vista al mirador, se quedaron largo rato, hacía frío pero estaban juntas, tomadas de la mano no se sentía. Comenzaban a sentirse extrañas, ya sabían lo que era, ya lo habían hecho mil veces antes. Tan fuerte era esa necesidad que por primera vez no voltearon a ver antes de besarse, ya nada importaba, no había tiempo para fijarse en detalles. Se necesitaban, se necesitaban muy dentro, una de otra, que la noche fuera eterna, tanto como ellas.

Después de largo rato así, decidieron mejor partir, una había prometido preparar  la cena. Intentaron cocinar algo entre risas, abrazos, palabras y besos. 

**** Por largo rato hicimos el amor... pero había algo extraño en ella, yo lo sabía, lo sentía, su cuerpo y su mirada me lo gritaban pero hice como si nada pasara****

Después de eso se dieron cuenta de que ya era muy tarde, la noche estaba muy linda, una hermosa luna, muchas estrellas, se quedaron un rato observando el cielo y luego se fueron a dormir.
Durmieron juntas, una abrazada a la otra como si nada las fuera a separar, al menos eso creían, en verdad lo deseaban así.

Al otro día al despertar, la situación era normal, se veían felices, no esperaban algún suceso extraño. Una de ellas se fue a su casa, no hicieron planes para verse más tarde, pero una de ellas planeaba llamar más tarde para encontrarse de nuevo, pero eso ya no fue posible.

Más tarde sonó el teléfono de su casa, era la voz de la madre de su amada, desde que la escuchó supo que algo no estaba del todo bien, en efecto, así era. Había huido de su casa, se llevó sus cosas y no la encontraban por lado alguno. Su madre pensó que estarían juntas, pero no fue así.

Ella sabía muy bien lo que había pasado, se había ido, sola. El viaje o huida que habían estado planeando para realizar juntas, al final lo hizo sola.

Ella fue egoísta.

Fuiste egoísta.

**** Nunca pude terminar de escribir el resto de la historia y nunca me quedaron totalmente claros tus motivos****

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