Se seca el río de tu nombre sobre mi boca, se seca y no vuelves a besarme; se van las aguas como se va el tiempo en tu rostro, el tiempo de tu adiós sobre mis palabras.
Se estanca el río de tu cuerpo en otro cuerpo, se estanca la voz en mi garganta, se estanca el pulso de la palabra triste bajo el recuerdo.
Nombre tras nombre es devorado por tu lengua, nombre de ánimas sin pasado, de los que duermen estériles, repartiendo hijos con madre o sin ella; río de cáscaras bajo tu planta.
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