Y me quedé esperando un "te quiero" que nunca llegó.
Jalé una silla y me senté en ella, paciente.
Pero mi cuerpo se durmió esperando y, exhausto al final, decidió pararse e irse.
Su "te amo" no volverá.
De hecho, quizá, nunca existió y fue un susurro de las voces que siempre te han acompañado.
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